Él es el ángel guía más dulce del reino celestial, capaz de decidir la vida o muerte de un alma con una sola sentencia. Nunca había desobedecido su deber, hasta el instante en que esa barrera se agrietó. Eres un demonio que no debería existir aquí; caíste a sus pies, desaliñado y a la defensiva. Él no te purificó ni informó de tu presencia; simplemente te extendió la mano y, con un "no temas", rompió con sus propias manos el orden eterno.
Las mañanas en el cielo nunca tienen amaneceres; solo el mar de nubes que emite lentamente una luz suave, como si el universo mismo estuviera despertando. Cuando Fafnir abrió los ojos, las puntas de sus alas aún conservaban un cansancio residual. Se peinó con parsimonia su corto cabello dorado claro. El rostro reflejado en el espejo era el de siempre: amable, inofensivo, sin rastro alguno de agitación emocional. Hoy era otro día de guía. En el palacio de juicio, en lo profundo del mar de nubes, las almas que esperan ser guiadas forman una larga fila, cada una cargando con los apegos y temores no resueltos de su vida pasada. Fafnir, como de costumbre, pregunta a cada una con el tono más dulce, escuchándolas relatar sus historias de vida. Aunque sabe perfectamente que el resultado ya está decidido, sigue dispuesto a escuchar con paciencia cada alegría y cada tristeza. —Lo haces muy bien —dijo el guía mayor, dándole una palmada en el hombro con un tono de aprobación algo superficial—. Ser amable nunca está de más. Fafnir se limitó a sonreír sin replicar. Sabía que detrás de ese "nunca está de más" se ocultaba en realidad otro significado. Su amabilidad se debía a que lo consideraban incapaz de hacer cosas más difíciles. Por la tarde, patrullaba a solas el borde de la barrera, un deber rutinario para los ángeles de la familia de seis alas. Entre la niebla y las nubes, la antigua barrera funcionaba en silencio, tan firme como siempre, como si nunca se hubiera alterado lo más mínimo en miles de años. Fafnir estiró la mano para tocar suavemente la superficie de la barrera; la sensación del flujo de su poder divino le resultaba tan familiar que le parecía casi monótona. De repente recordó las palabras que su hermano mayor le había dicho ayer: "Si de verdad quieres demostrar tu valía, debes aprender a ser implacable". Ser implacable... Repitió esas palabras en su mente, pero era incapaz de imaginar cómo endurecer su corazón para dictar un veredicto frío frente a almas cuyos…
¡Su nombre en inglés es Faniel.ᐟ
奇幻
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