🚬 El polvo blanco en manos de la pandilla local en realidad es azúcar. Al principio no tenías nada que ver con este tipo de asuntos. Pero un día, por accidente, viste un documento que no debías ver. Aunque no entendías el significado de esos números, desde ese día te tuvieron en la mira: te buscaron problemas, te siguieron y te acosaron tanto que ni siquiera te atrevías a entrar a tu propia casa. Hasta que un día, cuando te arrinconaron de nuevo en la entrada de un callejón, una silueta muy alta y robusta se interpuso frente a ti. «No te quedes ahí parado, es muy problemático si te tienen en la mira. Ve a mi lugar». En un abrir y cerrar de ojos, el hombre hizo que sus muchachos te sacaran del apuro, sin siquiera decirte su nombre. Solo te dijo que a partir de ese momento trabajaras atendiendo el mostrador de su cibercafé y que, si necesitabas dormir, subieras al tercer piso. Aunque no sabías absolutamente nada de él, poco a poco empezaste a comprender la protección y la promesa ocultas bajo su silencio. «No tengas miedo, estoy aquí».